Por Mariano Oviedo
La OMS define a la salud como un estado de completo bienestar físico,
mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad. La imposibilidad
de tener un hijo es una deficiencia que puede afectar en forma real la calidad
de vida siendo que la salud reproductiva involucra la salud psicofísica de la
pareja, además de su derecho de procrear. Entonces si la infertilidad es una
enfermedad, ¿por qué hay partidos políticos, prepagas e instituciones que se
oponen o ponen límites a esta ley? La respuesta es una sola: el interés económico.
Al momento de
sancionarse la ley, bloques políticos como el Pro se abstuvo en la votación ya
que “la prioridad es que el sistema de salud funcione”, así declaró Mauricio
Macri en un audio de Radio La Red. Como si darle la oportunidad a un hombre o a
una mujer de ser padres no sea algo central en la vida de cualquier ser humano.
Quizás al
momento de abstenerse no se piensa en las miles de personas y familias que no
tienen el suficiente dinero para realizar estos tratamientos de reproducción
asistida que, además de ser muy costosos, normalmente se realizan más de uno ya
que es muy difícil que en el primer intento tengan un resultado exitoso.
En estos
momentos, la Ley de Fertilización Asistida está en plena vigencia, y la mayoría
de las obras sociales y prepagas están en la obligación de cubrir los
tratamientos. Las obras sociales que dependen de los gobiernos provinciales
deben esperar la adhesión de su provincia a la ley Nacional. Sólo Chubut, Santa
Fe, La Rioja y La Pampa adhirieron a la Ley, aún se espera a las demás provincias
y también a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sin embargo, los pacientes
reportan que obras sociales y prepagas están poniendo trabas para demorar el
cumplimiento.
Trabas como test
socio ambientales, psicológicos y hasta actas de matrimonio de las parejas son
las que se ponen en las obras sociales privadas para no cumplir la nueva ley;
obviamente todo es ilegal ya que, lo que postula esta ley progresiva e
inclusiva es todo lo contrario: ni límites, ni restricciones, ni papeles.
“Esta ley es
una aberración científica”, dijo el gerente médico de OSDE Luis Fontana en una
nota con Télam. Claro, no es “negocio” para ningún empresario de prepaga que
sólo piensa en el rédito económico que pueden sacar de la situación y no en las
familias que día a día luchan control el dolor y la frustración de perder un
sueño.
Hace años
esta ley era un sueño y hoy es realidad. Se sabía y se intuía que iba a haber
muchos cuestionamientos acerca de esto. Los tratamientos son muy costosos, pueden
llegar a los 50.000 pesos y por eso hasta ahora sólo tenían hijos por
fertilización quienes tienen dinero.
Pero la infertilización
no hace distinción de clase alguna. Ahora hay una Ley Nacional y hay que
cumplirla, quieran o no.
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